Capítulo 5

Estoy de los nervios tras tres días casi sin avanzar y los gatos del camping ya se toman unas libertades que me parecen del todo excesivas. Quiero seguir de viaje. La moto te pica; yo me pico, desde luego. Y por muy cansado que esté quiero más y más.

Estos días he descansado, de la playa a leer al camping y a gorronear wifi y piscina del hotel de al lado… Supongo que lo que mucha gente hace en vacaciones. Diosss cómo me he aburrido. Al menos he empezado por fin este blog…

Después de Agadir todo cambia a mejor. Los paisajes, las dunas, las curvas, el sentimiento de aventura, de estar realmente solo en la carretera… Paro a descansar y comer en Tan Tan y me sorprenden con wifi para whattsupear y con una parrillada de pescado riquísima por unos 6 euros con bebida de cola. Recordemos que solo sirven alcohol en los hoteles para guiris. Nada más salir compenso esa factura con una multa de radar por ir a 105 en una recta infinita donde, dicen, indicaba 60. Como el poli se pone muy serio y dice que se queda mi carnet, me toca pagar 70 laureles y aquí sí me demuestran que para lo que quieren sí que se han desarrollado, y me parece bien.

de noche

 

Intento llegar a El Aaiun, antigua capital de la colonia española que cobardemente abandonamos en su día, pero se me hace de noche porque me paran en media docena de controles rutinarios. Llevo casi 500 kms viendo el océano a mi derecha y tras ver la puesta de sol contra él, lo que más me apetece es montar la tienda frente a la costa y dormir y despertarme con el oleaje. Me da bastante canguelo. Va a ser la primera vez en mi vida que hago acampada libre yo solo pero no se me ocurre mejor forma de celebrar mi primera semana y 2500 kms de viaje.

Pasa casi una hora entre la puesta de sol y la salida de la luna, ayer fue llena, increíblemente roja igual que hace instantes lucía el astro que la ilumina.